el veintiuno de marzo - San Mateo 19.16-30, Números 11-12 y Eclesiastés 8

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Un joven rico habla con Jesús
(Mc 10.17-31; Lc 18.18-30)

San Mateo 19 16Un joven fue a ver a Jesús, y le preguntó:
--Maestro, ¿qué cosa buena debo hacer para tener vida eterna?
17Jesús le contestó:
--¿Por qué me preguntas acerca de lo que es bueno? Bueno solamente hay uno. Pero si quieres entrar en la vida, obedece los mandamientos.
18--¿Cuáles? --preguntó el joven.
Y Jesús le dijo:
--'No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas mentiras en perjuicio de nadie, 19honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo.'
20--Todo eso ya lo he cumplido --dijo el joven--. ¿Qué más me falta?
21Jesús le contestó:
--Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme.
22Cuando el joven oyó esto, se fue triste, porque era muy rico.
23Jesús dijo entonces a sus discípulos:
--Les aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 24Les repito que es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios.
25Al oírlo, sus discípulos se asombraron más aún, y decían:
--Entonces, ¿quién podrá salvarse?
26Jesús los miró y les contestó:
--Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible.
27Pedro le dijo entonces:
--Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido. ¿Qué vamos a recibir?
28Jesús les respondió:
--Les aseguro que cuando llegue el tiempo en que todo sea renovado, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono glorioso, ustedes que me han seguido se sentarán también en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. 29Y todos los que por causa mía hayan dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o terrenos, recibirán cien veces más, y también recibirán la vida eterna. 30Pero muchos que ahora son los primeros, serán los últimos; y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros.


El Señor promete carne a los israelitas

Números 11 1Un día los israelitas se pusieron a murmurar contra el Señor debido a las dificultades por las que estaban pasando. Al oírlos, el Señor se enojó mucho y les envió un fuego que incendió los alrededores del campamento. 2El pueblo gritó pidiendo ayuda a Moisés, y Moisés rogó al Señor por ellos. Entonces el fuego se apagó. 3Por eso aquel lugar se llamó Taberá, porque allí el fuego del Señor ardió contra ellos.
4Entre los israelitas se había mezclado gente de toda clase, que solo pensaba en comer. Y los israelitas, dejándose llevar por ellos, se pusieron a llorar y a decir: "¡Ojalá tuviéramos carne para comer! 5¡Cómo nos viene a la memoria el pescado que comíamos gratis en Egipto! Y también comíamos pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos. 6Pero ahora nos estamos muriendo de hambre, y no se ve otra cosa que maná."
7(El maná era parecido a la semilla del cilantro; tenía un color amarillento, como el de la resina, 8y sabía a tortas de harina con aceite. La gente salía a recogerlo, y luego lo molían o machacaban, y lo cocinaban o lo preparaban en forma de panes. 9Por la noche, cuando caía el rocío sobre el campamento, caía también el maná.)
10Moisés oyó que los israelitas y sus familiares lloraban a la entrada de sus tiendas. El Señor estaba muy enojado. Y Moisés también se disgustó, 11y le dijo al Señor:
--¿Por qué me tratas mal a mí, que soy tu siervo? ¿Qué tienes contra mí, que me has hecho cargar con este pueblo? 12¿Acaso soy yo su padre o su madre para que me pidas que los lleve en brazos, como a niños de pecho, hasta el país que prometiste a sus antepasados? 13¿De dónde voy a sacar carne para dar de comer a toda esta gente? Vienen llorando a decirme: 'Danos carne para comer.' 14Yo no puedo ya encargarme de llevar solo a todo este pueblo; es una carga demasiado pesada para mí. 15Si vas a seguir tratándome así, mejor quítame la vida, si es que de veras me estimas. Así no tendré que verme en tantas dificultades.
16Pero el Señor le contestó:
--Reúneme a setenta ancianos israelitas, de los que sepas que tienen autoridad entre el pueblo, y tráelos a la tienda del encuentro y que esperen allí contigo. 17Yo bajaré y hablaré allí contigo, y tomaré una parte del espíritu que tú tienes y se la daré a ellos para que te ayuden a sobrellevar a este pueblo. Así no estarás solo. 18Luego manda al pueblo que se purifique para mañana, y comerán carne. Ya los he oído llorar y decir: '¡Ojalá tuviéramos carne para comer! ¡Estábamos mejor en Egipto!' Pues bien, yo les voy a dar carne para que coman, 19y no solo un día o dos, ni cinco o diez o veinte. No. 20Comerán carne durante todo un mes, hasta que les salga por las narices y les dé asco, porque me han rechazado a mí, el Señor, que estoy en medio de ellos, y han llorado y han dicho ante mí: '¿Para qué salimos de Egipto?'
21Entonces Moisés respondió:
--El pueblo que viene conmigo es de seiscientos mil hombres de a pie, ¿y dices que nos vas a dar a comer carne durante un mes entero? 22¿Dónde hay tantas ovejas y vacas que se puedan matar y que alcancen para todos? Aun si les diéramos todo el pescado del mar, no les alcanzaría.
23Pero el Señor le contestó:
--¿Crees que es tan pequeño mi poder? Ahora vas a ver si se cumple o no lo que he dicho.

Setenta ancianos hablan como profetas

24Moisés salió y contó al pueblo lo que el Señor le había dicho, y reunió a setenta ancianos israelitas y los colocó alrededor de la tienda. 25Entonces el Señor bajó en la nube y habló con Moisés; luego tomó una parte del espíritu que Moisés tenía y se lo dio a los setenta ancianos. En cuanto el espíritu reposó sobre ellos, comenzaron a hablar como profetas; pero esto no volvió a repetirse.
26Dos hombres, el uno llamado Eldad y el otro Medad, habían sido escogidos entre los setenta, pero no fueron a la tienda sino que se quedaron en el campamento. Sin embargo, también sobre ellos reposó el espíritu, y comenzaron a hablar como profetas en el campamento. 27Entonces un muchacho fue corriendo a decirle a Moisés:
--¡Eldad y Medad están hablando como profetas en el campamento!
28Entonces Josué, hijo de Nun, que desde joven era ayudante de Moisés, dijo:
--¡Señor mío, Moisés, prohíbeles que lo hagan!
29Pero Moisés le contestó:
--¿Ya estás celoso por mí? ¡Ojalá el Señor le diera su espíritu a todo su pueblo, y todos fueran profetas!
30Entonces Moisés y los ancianos de Israel volvieron al campamento.

El Señor envía codornices

31El Señor hizo que soplara del mar un viento que trajo bandadas de codornices, las cuales cayeron en el campamento y sus alrededores, cubriendo una distancia de hasta un día de camino alrededor del campamento, y formando un tendido de casi un metro de altura. 32Todo ese día y toda la noche y todo el día siguiente la gente estuvo recogiendo codornices. El que menos recogió, recogió diez montones de codornices, que pusieron a secar en los alrededores del campamento. 33Pero apenas estaban masticando los israelitas la carne de las codornices, cuando el Señor se enfureció contra ellos y los castigó, haciendo morir a mucha gente. 34Por eso le pusieron a ese lugar el nombre de Quibrot-hataavá, porque allí enterraron a los que solo pensaban en comer.
35De Quibrot-hataavá siguió el pueblo su camino hasta Haserot, y allí se quedó.

María y Aarón critican a Moisés

Números 12 1María y Aarón empezaron a hablar mal de Moisés, porque este se había casado con una mujer etíope. 2Además dijeron: "El Señor no ha hablado solamente con Moisés; también ha hablado con nosotros." Y el Señor lo oyó.
3En realidad, Moisés era el hombre más humilde del mundo. 4Por eso el Señor les dijo a Moisés, Aarón y María: "Vayan ustedes tres a la tienda del encuentro."
Los tres fueron allá. 5Entonces el Señor bajó en una espesa nube y se colocó a la entrada de la tienda; luego llamó a Aarón y a María, y cuando ellos se presentaron 6el Señor les dijo: "Escuchen esto que les voy a decir: Cuando hay entre ustedes un profeta de mi parte, yo me comunico con él en visiones y le hablo en sueños; 7pero con mi siervo Moisés no lo hago así. Él es el más fiel de todos mis siervos, 8y con él hablo cara a cara y en un lenguaje claro. Y si él me ve cara a cara, ¿cómo se atreven ustedes a hablar mal de él?"
9El Señor se enojó mucho con ellos, y se fue. 10Y en cuanto la nube se alejó de la tienda, María se puso leprosa, con la piel toda blanca. Cuando Aarón se volvió para mirar a María, y vio que estaba leprosa, 11le dijo a Moisés: "Por favor, mi señor, no nos castigues por este pecado que tontamente hemos cometido. 12No permitas que ella quede como una criatura muerta antes de nacer, que sale con la piel medio deshecha."
13Entonces Moisés suplicó al Señor: "Por favor, oh Dios, te ruego que la sanes."
14Y el Señor le respondió: "Si su padre le escupiera en la cara, quedaría deshonrada durante siete días. Pues entonces, que la echen fuera del campamento durante siete días, y después podrá volver."
15Y así María fue echada fuera del campamento durante siete días. Mientras tanto, el pueblo no se movió de allí. 16En cuanto María se reunió con ellos, se pusieron en camino desde Haserot, y acamparon en el desierto de Parán.


Eclesiastés 8 1¿Quién puede compararse al sabio? ¿Quién conoce el sentido de las cosas? La sabiduría ilumina la cara del hombre; hace que cambie su duro semblante.

La obediencia al rey

2Cumple las órdenes del rey, pues así lo has jurado ante Dios. 3No salgas de su presencia con demasiada rapidez. No tomes parte en asuntos malvados, porque él puede hacer lo que se le antoje. 4La palabra del rey tiene autoridad final, y nadie puede pedirle cuenta de sus actos.
5Al que cumple una orden, no le pasará nada malo, y el que es sabio entiende cuándo y cómo debe cumplirla. 6En realidad, hay un momento y un modo de hacer todo lo que se hace, pero el gran problema del hombre 7es que nunca sabe lo que va a suceder, ni hay nadie que se lo pueda advertir.

Nadie tiene poder sobre la vida y la muerte

8No hay quien tenga poder sobre la vida, como para retenerla, ni hay tampoco quien tenga poder sobre la muerte. No hay quien escape de esta batalla. Al malvado no lo salvará su maldad.
9Todo esto he visto al entregarme de lleno a conocer lo que se hace en este mundo y el poder que el hombre tiene de hacer daño a sus semejantes.

Hay cosas que no tienen sentido

10También he visto que a gente malvada, que se mantuvo alejada del lugar santo, la alaban el día de su entierro; y en la ciudad donde cometió su maldad, nadie después lo recuerda. Y esto no tiene sentido, 11porque al no ejecutarse en seguida la sentencia para castigar la maldad, se provoca que el hombre solo piense en hacer lo malo. 12¡Así resulta que el que peca y sigue pecando vive muchos años! (Lo que yo sabía es que a los que honran a Dios y guardan reverencia ante él, les va bien; 13y que, por el contrario, a los malvados les va mal y su vida pasa como una sombra porque no muestran reverencia ante Dios.) 14Y así se da en este mundo el caso sin sentido de hombres buenos que sufren como si fueran malos, y de hombres malos que gozan como si fueran buenos. ¡Yo digo que tampoco esto tiene sentido!
15Por eso, me declaro en favor de la alegría. Y lo mejor que puede hacer el hombre en este mundo es comer, beber y divertirse, porque eso es lo único que le queda de su trabajo en los días de vida que Dios le da en este mundo.
16Mientras más me entregué a aprender y a saber y a observar todo lo que se hace en este mundo --llega un momento en que no puede uno dormir a ninguna hora--, 17más cuenta me di de que el hombre no puede comprender lo que Dios hace ni lo que ocurre en este mundo. Por más que luche buscando la respuesta, no la encontrará; aun cuando el sabio diga conocerla, en realidad no ha podido encontrarla.

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