el veintidós de agosto - San Juan 5.1-18, 1 Crónicas 18-19 y Zacarías 7

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Jesús sana al paralítico de Betzatá

San Juan 5 1Algún tiempo después, los judíos celebraban una fiesta, y Jesús volvió a Jerusalén. 2En Jerusalén, cerca de la puerta llamada de las Ovejas, hay un estanque que en hebreo se llama Betzatá. Tiene cinco pórticos, 3en los cuales se encontraban muchos enfermos, ciegos, cojos y tullidos echados en el suelo. 5Había entre ellos un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. 6Cuando Jesús lo vio allí acostado y se enteró del mucho tiempo que llevaba así, le preguntó:
--¿Quieres recobrar la salud?
7El enfermo le contestó:
--Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando se remueve el agua. Cada vez que quiero meterme, otro lo hace primero.
8Jesús le dijo:
--Levántate, alza tu camilla y anda.
9En aquel momento el hombre recobró la salud, alzó su camilla y comenzó a andar. Pero como era sábado, 10los judíos dijeron al que había sido sanado:
--Hoy es sábado; no te está permitido llevar tu camilla.
11Aquel hombre les contestó:
--El que me devolvió la salud, me dijo: 'Alza tu camilla y anda.'
12Ellos le preguntaron:
--¿Quién es el que te dijo: 'Alza tu camilla y anda'?
13Pero el hombre no sabía quién lo había sanado, porque Jesús había desaparecido entre la mucha gente que había allí. 14Después Jesús lo encontró en el templo, y le dijo:
--Mira, ahora que ya estás sano, no vuelvas a pecar, para que no te pase algo peor.
15El hombre se fue y comunicó a los judíos que Jesús era quien le había devuelto la salud. 16Por eso los judíos perseguían a Jesús, pues hacía estas cosas en sábado. 17Pero Jesús les dijo:
--Mi Padre siempre ha trabajado, y yo también trabajo.
18Por esto, los judíos tenían aún más deseos de matarlo, porque no solamente no observaba el mandato sobre el sábado, sino que además se hacía igual a Dios al decir que Dios era su propio Padre.


Campañas militares de David
(2  S 8.1-14)

1 Crónicas 18 1Después de esto, David venció a los filisteos, sometiéndolos y arrebatándoles de las manos la ciudad de Gat y sus aldeas. 2También derrotó a los moabitas, y así ellos fueron sometidos a David y tuvieron que pagarle tributo.
3David venció también a Hadad-ézer, rey de Sobá, que está en dirección de Hamat, cuando este iba a imponer su dominio sobre la región del río Éufrates. 4De ellos, David capturó mil carros de combate e hizo prisioneros a siete mil soldados de caballería y a veinte mil de infantería; y además les rompió las patas a todos los caballos de los carros de combate, con la excepción de los caballos necesarios para cien carros.
5Llegaron luego los sirios de Damasco para prestar ayuda a Hadad-ézer, el rey de Sobá, pero David venció a los sirios, matando a veintidós mil de ellos. 6Luego puso David guarniciones en Siria de Damasco, y los sirios quedaron sometidos a él y sujetos al pago de tributos. Así pues, el Señor le daba la victoria a David por dondequiera que iba.
7Después David se apoderó de los escudos de oro que usaban los oficiales de Hadad-ézer, y los llevó a Jerusalén. 8También se apoderó de una gran cantidad de bronce de Tibhat y de Cun, ciudades que pertenecían a Hadad-ézer. Con ese bronce hizo después Salomón la enorme pila para el agua, las columnas y los utensilios de bronce para el templo.
9Cuando Toi, rey de Hamat, se enteró de que David había derrotado a todo el ejército de Hadad-ézer, rey de Sobá, 10envió a su hijo Adoram con toda clase de objetos de oro, de plata y de bronce, para que saludara y felicitara al rey David por haber luchado con Hadad-ézer y haberlo vencido, pues Toi también había estado en guerra con él. 11David dedicó todos estos objetos al Señor, junto con el oro y la plata que les había quitado a todas las naciones, a Edom, a Moab, a los amonitas, a los filisteos y a los amalecitas.
12Además Abisai, hijo de Seruiá, derrotó a dieciocho mil edomitas en el Valle de la Sal. 13Luego puso David guarniciones en Edom, y todos los edomitas quedaron sometidos a él; y el Señor le daba la victoria por dondequiera que iba.

Oficiales de David
(2  S 8.15-18; 20.23-26)

14David reinó sobre todo Israel, actuando con justicia y rectitud para con todo su pueblo. 15El jefe del ejército era Joab, hijo de Seruiá; y Josafat, hijo de Ahilud, era el secretario del rey. 16Sadoc, hijo de Ahitub, y Ahimélec, hijo de Abiatar, eran sacerdotes; Savsá era el cronista, 17y Benaías, hijo de Joiadá, estaba al mando de la guardia de quereteos y peleteos. Los hijos de David eran sus principales ayudantes.

David derrota a los sirios y amonitas
(2  S 10.1-19)

1 Crónicas 19 1Después de algún tiempo murió Nahas, el rey de los amonitas, y en su lugar reinó su hijo. 2Entonces David pensó que debía tratar a Hanún, el hijo de Nahas, con bondad, porque su padre lo había tratado a él con bondad, y mandó algunos embajadores para que le dieran a Hanún el pésame por la muerte de su padre. Pero cuando los oficiales de David llegaron al país amonita, 3los jefes amonitas le dijeron a Hanún: "¿Y cree Su Majestad que David ha enviado esos hombres a dar el pésame, tan solo para honrar al padre de Su Majestad? ¡Seguramente han venido para inspeccionar, examinar y espiar el país!"
4Entonces Hanún ordenó que apresaran a los oficiales de David, y que los afeitaran y les rasgaran la ropa por la mitad hasta las asentaderas. Después los despidió. 5Cuando fueron a decir a David lo que les había pasado a aquellos hombres, mandó que fueran a recibirlos, porque estarían sumamente avergonzados, y que les ordenaran quedarse en Jericó hasta que les creciera la barba, y que entonces regresaran.
6Los amonitas comprendieron que se habían hecho odiosos a David, por lo que Hanún y los amonitas enviaron treinta y tres toneladas de plata para tomar a sueldo carros de combate y tropas de caballería en Mesopotamia, Siria, Maacá y Sobá, 7y tomaron a sueldo treinta y dos mil carros de combate, así como al rey de Maacá con su ejército. Estos llegaron e instalaron su campamento frente a Medebá. Además los amonitas salieron de sus ciudades y se reunieron para entrar en el combate. 8Pero David lo supo, y mandó a Joab con todos los soldados del ejército. 9Los amonitas avanzaron y se prepararon para la batalla a la entrada misma de la ciudad. Los reyes que habían venido se quedaron en el campo. 10Cuando Joab vio que iba a ser atacado por el frente y por la retaguardia, escogió los mejores soldados israelitas y se preparó para atacar a los sirios. 11Luego, para hacer frente a los amonitas, puso el resto de la tropa bajo el mando de su hermano Abisai, 12y le dijo: "Si los sirios pueden más que yo, tú vendrás a ayudarme, y si los amonitas pueden más que tú, yo te ayudaré. 13Ten ánimo, y luchemos con valor por nuestra nación y por las ciudades de nuestro Dios. ¡Y que el Señor haga lo que le parezca mejor!"
14Joab avanzó con sus tropas para atacar a los sirios, pero estos huyeron ante él. 15Y cuando los amonitas vieron que los sirios huían, ellos también huyeron de Abisai, hermano de Joab, y se metieron en la ciudad. Entonces Joab regresó a Jerusalén.
16Cuando los sirios se dieron cuenta de que Israel los había vencido, enviaron mensajeros para hacer venir a los sirios que estaban al otro lado del río Éufrates. Al frente de ellos estaba Sofac, jefe del ejército de Hadad-ézer. 17Pero le contaron esto a David, quien, movilizando en seguida a todo Israel, atravesó el río Jordán, avanzó y tomó posiciones contra ellos. David formó sus tropas para enfrentarse con los sirios, y estos lucharon con él, 18pero finalmente huyeron de los israelitas, pues las bajas que les causó David fueron de cuarenta mil soldados de infantería y siete mil de los carros de combate; además, David mató a Sofac, el jefe del ejército sirio. 19Al ver los aliados de Hadad-ézer que los israelitas los habían derrotado, hicieron la paz con David y quedaron sometidos a él. A partir de entonces, los sirios no quisieron volver a ayudar a los amonitas.


El falso ayuno

Zacarías 7 1El día cuatro del mes noveno (llamado Quisleu), del cuarto año del gobierno del rey Darío, el Señor dirigió un mensaje al profeta Zacarías. 2En aquel tiempo, el pueblo de Betel había enviado a Sarézer y a Réguem-mélec, con sus hombres, a pedir la ayuda del Señor 3y a preguntar a los profetas y a los sacerdotes del templo del Señor todopoderoso: "¿Habremos de seguir guardando luto y ayuno el quinto mes de cada año, tal como lo hemos hecho hasta ahora?"
4Entonces el Señor todopoderoso se dirigió a mí, y me dijo: 5"Di a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes: 'Ustedes hacen ayuno y guardan luto el quinto y el séptimo mes desde hace setenta años. Pero no lo hacen para honrarme a mí, 6sino que cuando ustedes comen y beben, lo hacen para su propio provecho.'  " 7¿Acaso no son estas las mismas palabras que el Señor pronunció por medio de los antiguos profetas, cuando Jerusalén estaba en paz y llena de gente, y lo estaban también las ciudades de alrededor, y las regiones del Négueb y la llanura?

La desobediencia, causa del destierro

8El Señor se dirigió al profeta Zacarías, y le dijo: 9"Esto es lo que yo ordeno: Sean ustedes rectos en sus juicios, y bondadosos y compasivos unos con otros. 10No opriman a las viudas, ni a los huérfanos, ni a los extranjeros, ni a los pobres. No piensen en cómo hacerse daño unos a otros." 11Pero el pueblo se negó a obedecer. Todos volvieron la espalda y se hicieron los sordos. 12Endurecieron su corazón como el diamante, para no escuchar la enseñanza y los mandatos que el Señor todopoderoso comunicó por su espíritu, por medio de los antiguos profetas.
Por eso el Señor se enojó mucho, 13y dijo: "Así como ellos no quisieron escucharme cuando yo los llamaba, tampoco yo los escucharé cuando ellos me invoquen. 14Por eso los dispersé como por un torbellino entre todas esas naciones que ellos no conocían, y tras ellos quedó el país convertido en un desierto donde nadie podía vivir. ¡Un país tan hermoso, y ellos lo convirtieron en desolación!"

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