el primero de enero - San Lucas 2.21-40

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El niño Jesús es presentado en el templo

21A los ocho días circuncidaron al niño, y le pusieron por nombre Jesús, el mismo nombre que el ángel le había dicho a María antes que ella estuviera encinta.
22Cuando se cumplieron los días en que ellos debían purificarse según la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentárselo al Señor. 23Lo hicieron así porque en la ley del Señor está escrito: "Todo primer hijo varón será consagrado al Señor." 24Fueron, pues, a ofrecer en sacrificio lo que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones de paloma.
25En aquel tiempo vivía en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón. Era un hombre justo y piadoso, que esperaba la restauración de Israel. El Espíritu Santo estaba con Simeón, 26y le había hecho saber que no moriría sin ver antes al Mesías, a quien el Señor enviaría. 27Guiado por el Espíritu Santo, Simeón fue al templo; y cuando los padres del niño Jesús lo llevaron también a él, para cumplir con lo que la ley ordenaba, 28Simeón lo tomó en brazos y alabó a Dios, diciendo:

29"Ahora, Señor, tu promesa está cumplida:
puedes dejar que tu siervo muera en paz.
30Porque ya he visto la salvación
31que has comenzado a realizar
a la vista de todos los pueblos,
32la luz que alumbrará a las naciones
y que será la gloria de tu pueblo Israel."

33El padre y la madre de Jesús se quedaron admirados al oir lo que Simeón decía del niño. 34Entonces Simeón les dio su bendición, y dijo a María, la madre de Jesús:
--Mira, este niño está destinado a hacer que muchos en Israel caigan o se levanten. Él será una señal que muchos rechazarán, 35a fin de que las intenciones de muchos corazones queden al descubierto. Pero todo esto va a ser para ti como una espada que atraviese tu propia alma.
36También estaba allí una profetisa llamada Ana, hija de Penuel, de la tribu de Aser. Era ya muy anciana. Se casó siendo muy joven, y había vivido con su marido siete años; 37hacía ya ochenta y cuatro años que se había quedado viuda. Nunca salía del templo, sino que servía día y noche al Señor, con ayunos y oraciones. 38Ana se presentó en aquel mismo momento, y comenzó a dar gracias a Dios y a hablar del niño Jesús a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.

El regreso a Nazaret

39Después de haber cumplido con todo lo que manda la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su propio pueblo de Nazaret. 40Y el niño crecía y se hacía más fuerte, estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor de Dios.

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